Olvidado el mundo corpóreo, donde habitan la formas con sus
texturas; allí donde se domestican sentidos y se liberan algunos pocos, allí donde
el suspiro se olvida, allí donde el instante debe recuperarse…
En este mundo olvidadizo, en llanto rompió el nuevo ser,
encerrado en forma de cuerpo para así sobrevivir entre las formas
preexistentes. Inconsciente de su cuerpo, aun con la mirada en las esencias,
con todos los sentidos en el sin sentido de los días, en la condensación energética
de vida, en la inmensidad del universo no vedado; ahí flotando en colores, fusionado con el todo,
comienza la domesticación del ser, que
pronto olvidara aquello que se convertirá en el gran misterio. Comenzará la búsqueda
implacable del ser desdoblado en cuerpo y alma, comenzará el inconsciente a
desarrollarse en días… Y un día regresará el silencio y le contará en soledad
verdades ancestrales que pronto olvidará, quizá… Sera la invisibilidad palpable
la que le susurre, con la caricia del viento en un suspiro, que ha nacido en un
mundo corpóreo y efímero, con sentidos
que se fueron e irán nutriendo, hasta llegar a cerrar los ojos y seguir
viendo, aun con mayor claridad…
Descubrirá así, su mundo interior que comenzará a fusionarse…
logrando recuperar “este” instante que se perpetuará en su sentir, sentir que
ha de convertirse en el sentir universal. Será el universo el que sienta en su
cuerpo, será entonces el renacer del ser consciente. Renacerá en sus ojos, la
mirada del niño que aún recuerda el mundo sin formas; en la antesala del ojo terrícola,
que creará del todo indisoluble la aparente individualidad corpórea. Recordará
que cada aparente división lleva consigo una parare indisoluble, donde habita
el universo que siente en su cuerpo. Y verán…al fin, sus ojos añejos por vez
primera.
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