Perturba lo que cree ser su mente, una extraña sensación,
camina por la casa con habitualidad, conocimiento y reconocimiento de cada
objeto, asocia con exactitud movimientos de su cuerpo con el propósito de
asearse, vestirse y alimentarse; por lógico razonamiento cree que vive hace
tiempo, sabe que transcurrieron años desde que salió del seno materno, tiene un
cuerpo y siente; sabe que hay otros con los que a menudo dialoga de un contexto común y recordado. Cuando observa con
agudeza nota que se han aquietados los instantes, recuerda un olor invasor a
plástico quemado, una ciudad destruida, cuerpos desplomados, desechos humanos
taponando canaletas, ausencias terciarizadas, un mito con cerrojo de
poder, un cadáver, quizá su cuerpo.
miércoles, 7 de octubre de 2015
lunes, 14 de septiembre de 2015
Algunos todos.
Definió el entorno,
nombró con certeza,
juzgó sin piedad,
consumió la apariencia.
Murió sin saber quién era.
¿Nació?
nombró con certeza,
juzgó sin piedad,
consumió la apariencia.
Murió sin saber quién era.
¿Nació?
lunes, 25 de mayo de 2015
…E t e li as me cuent as…
Busca en las palabras conjugadas, indescifrables al abyecto,
probables en el paralelo de cada paso, sumergidas en las alturas y
profundidades desvanecidas del tiempo y espacio, huella en la construcción
incógnita, creadora de la contracción invasora, involuntario movimiento
decodificador en letras; rompe el cascaron y se plasma, desde la anterioridad
que preside a la tinta y papel, se proyecta la imagen.
Hábil en la ductilidad de los mundos, quedó atrapado entre los
posibles momentos del tiempo entrelazado, en uno de los laberintos del instante
con elástico conteo; es la voz de un cuerpo callado, viajante del mundo donde
el suspiro es una vida terrestre y se susurran orígenes infinitos para este
cuerpo finito…
Iba y volvía, en agiles y sutiles movimientos, cuando
sucedió la magia para que el instante dure una eternidad, entre la tinta y el
papel es el nacimiento, nació…acaba de nacer…invisibles son las letras que se
leen, mientras en tu pantalla cerebral la imagen se ha creado, de este papel
que no existe pero guarda el misterio encerrado.
lunes, 18 de mayo de 2015
¡Bienvenido!
Suena el despertador, se mueve en la cama queriendo escapar
del paso del tiempo; su cuerpo aun torpe, se desliza por el pasillo hacia el
baño, con sus ojos pegados, entre manos y agua fría, logra despabilarse.
Camina e incorpora al camino, gente que pasa, ruidos, autos,
motos, micros que frenan y siguen, y más autos; de tanto en tanto, se detiene y
mira a ambos lados para cruzar las calles del estruendo; llega al destino
provisorio, sube las imponentes escaleras de aquel palacio, donde se encontraría
con la molécula del mundo que transita.
Sin que nadie note su llegada, se incorpora en último lugar
a la fila; algunos pocos, piden permiso al pasar, otros tantos la chocan con
toda la revolución desencausada que cargan en sí. Se desplazan a su alrededor
maniquíes abrillantados, exageradamente decorados en las irregularidades de sus
rostros; perfumes desmedidos e invasores se combinan en la atmósfera que debe
respirar, mientras espera. Asientos con múltiples siluetas, presentes tan solo
en sus preocupaciones creadas, acompañan la fila de la que ya es parte. Con
mayor atención, comienza a observarlas, se detiene entre dos asientos unidos
por la mirada despreciadora de una hacia la que come con miedo y apurada,
absorbida por la gran pantalla; de pronto la queja de otra silueta, guía su
observación al momento de la explicación carente de sentido y concluida con el
descontento masificado; a su lado el diálogo incomprensivo entre dos, divididos
por un gran mármol frío, hablan el mismo idioma, en una jerga distinta, es evidente que no se comprendan, y uno de ellos lo sabe, ¡y le gusta!, lo siente
y deja escapar por su mirada, la repugnante elevación sobre el otro.
Respira, repudia el entorno, se le oprime el alma y
desgarran las venas. Retorna la observación y el desprecio hacia el otro se
hace visible, en la mirada de todas las siluetas consumidas en sus puestos; la
agresión toma forma y se manifiesta contra la que no puede llegar sola
hasta el tan anhelado muro divisorio, la pisan y matan, se miran y asienten
entre todas, ¡era un estorbo en la carrera de hielos!.
No aguanta, quiere gritar y no puede, quiere correr
escapando pero esta inmóvil; se crea ante tanta crueldad extrema complacida, la
lágrima. Brota entre sus ojos, se desliza por su rostro y cae en un ¡PLAF! sobre el piso; el que minuciosamente comienza a desgranarse, agrietándose por
tanto peso, el color ya no brilla, todo es pálido y ocre; logra ver los hilos,
hasta entonces invisibles, de las marionetas de aquel mundo mecánico, la gran
maquina frente a sus ojos, se mueve sin dejar detalle al libre accionar, mueve
cada hilo con total liviandad; ruido de cadenas oxidadas, lubricadas por el
sudor del títere indiferente, son ahora la realidad visible.
Descubre sin poder olvidar, la esclavitud encubierta del
ciego egoísta; invade su cuerpo el dolor del que ve y el grito desgarrador en
repudio, silenciado por oídos manipulados por la maquina automática, la que
no deja de mover sus palancas topadoras. Aun no vislumbra quien la maneja, se
pregunta y cuestiona sobre la insensatez arraigada, el misterio de la ceguera
que apodero al hombre y le hizo creer que veía; instante en el que logra
ver su propio hilo y la palanca que va hacia él, en movimiento automático.
jueves, 14 de mayo de 2015
Anotaciones
Julia entra a la casa de sus abuelos como solía hacerlo los
domingos por la tarde, saluda e inmediatamente comienzan a dialogar sobre el
día, sin tener siquiera interés alguno en ello. Ahora se encuentra en el
sótano sentada en el piso y recordando haber bajado las escaleras apurada para
comenzar a leer el libro que llevaba consigo, sin
recordar donde lo había encontrado. Lo cotidiano en ese momento dejo de serlo, da vuelta la primer página descubriendo anotaciones… “El pasado detenido por la fisura en el engranaje
del tiempo provoca la coalición con el aparente presente cotidiano.” Continua guiada
por la curiosidad quedando atrapada por completo, mientras los abuelos
llaman desde la sala sin recibir respuesta. En su mente se proyectan
imágenes cada vez más reales, sintiendo su cuerpo desvanecerse en la creación de
una nueva escena, en la que ella ausente sigue los instintos de
movilidad del cuerpo; camina mirando las baldosas rotas, cuando se da cuenta
que el cordón de su zapatilla izquierda esta pronto a desatarse, mientras el empleado
del local de la esquina barre la vereda, en un otoño cobrizo donde se sienten
las hojas secas crujir entre los pasos. Se detiene para desatar y volver a atar
el cordón, alzando la vista cree ver pasar una silueta que le
resulta conocida sin lograr identificarla; invadida de duda continua el trayecto restante. Abre la puerta de la casa, la
sensación de haber vivido lo que transcurría, de repetir cada accionar sin
voluntad alguna apodera su cuerpo… Olvidando sensaciones, baja las escaleras, deteniéndose el instante en su respiración, logra ver la misma silueta pero ahora se
desvanece mientras lee, recuerda las voces de sus abuelos y responde, ¡ahora
subo! quedando inmóvil, totalmente atrapada como marioneta de las letras de un
libro, que se combinan indescifrablemente. Al leer reflexiona y anota: “viviendo tan apurados, que la vida en
recuerdo se convirtió, sentada en la efemeridad del tiempo, supo ver su viaje
consumido, enjaulado de tanto pasado y consumido por la intriga de un después inconsciente, apagó el instante que pasó”, continua “se apaga el día en muros de tiza sin arriesgarse a desvanecer el tiempo”, y en susurro de tinta, “la verdad estará guardada en la intangible línea de vida para
aquel que sumerja sus pasos a la invención”. En sus ojos desbordan lágrimas, escucha voces de niños que juegan en la sala y una
voz que interroga “¿Llegaste? ¿estás en el sótano?”. Ella no responde, otra vez
ausente.
Cierra el libro y observa a su alrededor solo siluetas, lo abre nuevamente y las innumerables siluetas comienzan a moverse traspasándose entre ellas. Julia
siente miedo y al mirase es ella la que desvanece. Ya no recuerda sus
anotaciones…
sábado, 9 de mayo de 2015
Entre ellos...humanos...
Caminan indiferentes…
Ahí van sin mirarse, con cuellos de camellos consumidos por
pequeños cuadraditos táctiles, en los que miden su nivel de inclusión. Consumen
la vida, inmóviles, tocándose con un botón a la distancia; ya ni siquiera se
rozan.
Están por sacar a la venta la vibración con dos clics en el
cuadradito táctil; suponen será todo un éxito, muchos ya están vendiendo sus órganos
para poder pagar el nuevo invento.
En los bares y casas de té, es de lo único que hablan, “la
nueva vibración será increíble”, repiten incesantemente.
Afuera, mientras tanto, el sol se esconde para volver
mañana, quién sabe hasta cuándo aguante.
...
Comienzo
Cuando elegimos
acontece el suspiro,
se despojan los sentidos y
grita el alma.
Despierta el hombre,
sembrante caminante.
Silencia el ser,
alimento del mecanismo,
se manipulan los sentidos y
llora la vida.
Duerme el hombre,
aniquilador de caminos.
Escuchándonos…
Atónito despertar paralizado en el movimiento
Inagotable suspiro del viento
Aleteo inminente
Punción del ser
Briza que rompe el letargo
Canción del amanecer en plena noche
Canto colorido de un mañana inminente
Pasado librado
Presente en creación de un futuro que encuentra
Alma que renace al instante
Vida que se consume
Llegada del mañana que es presente
Conciencia del cuerpo que encierra tu alma.
La pregunta
Observo y no sabía que se estaba observando…agudizo la
mirada perdiéndose en el punto infinito y descubrió que por alguna razón, que aún
no comprendía, su limitación corpórea se reflejaba dentro del contorno de
aquella pared; ese contorno era un espejo y aun no sabía cómo llamarlo. No podía
hablar, tan solo tocar y observar, deslizaba su mano y descubría
irregularidades coincidentes con la profundidad de aquel rostro en el espejo…su
rostro, el que aún no reconocía como tal. Continuó observándose, indagaba en su ser, no recordaba el ayer, solo reconocía algunas
voces y el instinto de calor en un cuerpo.
Toca el espejo, siente frio, se toca la nariz…sensaciones
del tacto invaden su envase, es ella la que toca, es ella la que siente; aún no
comprende que anda dentro de un cuerpo, aún no conoce que afuera hay otro, aún
no sabe o sí; comienzan los interrogantes del ser que nace, se conoce y
reconoce, se limita y expande. El ser que existe y comienza a crearse.
Recuerdo ancestral, el Niño…
Olvidado el mundo corpóreo, donde habitan la formas con sus
texturas; allí donde se domestican sentidos y se liberan algunos pocos, allí donde
el suspiro se olvida, allí donde el instante debe recuperarse…
En este mundo olvidadizo, en llanto rompió el nuevo ser,
encerrado en forma de cuerpo para así sobrevivir entre las formas
preexistentes. Inconsciente de su cuerpo, aun con la mirada en las esencias,
con todos los sentidos en el sin sentido de los días, en la condensación energética
de vida, en la inmensidad del universo no vedado; ahí flotando en colores, fusionado con el todo,
comienza la domesticación del ser, que
pronto olvidara aquello que se convertirá en el gran misterio. Comenzará la búsqueda
implacable del ser desdoblado en cuerpo y alma, comenzará el inconsciente a
desarrollarse en días… Y un día regresará el silencio y le contará en soledad
verdades ancestrales que pronto olvidará, quizá… Sera la invisibilidad palpable
la que le susurre, con la caricia del viento en un suspiro, que ha nacido en un
mundo corpóreo y efímero, con sentidos
que se fueron e irán nutriendo, hasta llegar a cerrar los ojos y seguir
viendo, aun con mayor claridad…
Descubrirá así, su mundo interior que comenzará a fusionarse…
logrando recuperar “este” instante que se perpetuará en su sentir, sentir que
ha de convertirse en el sentir universal. Será el universo el que sienta en su
cuerpo, será entonces el renacer del ser consciente. Renacerá en sus ojos, la
mirada del niño que aún recuerda el mundo sin formas; en la antesala del ojo terrícola,
que creará del todo indisoluble la aparente individualidad corpórea. Recordará
que cada aparente división lleva consigo una parare indisoluble, donde habita
el universo que siente en su cuerpo. Y verán…al fin, sus ojos añejos por vez
primera.
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