Julia entra a la casa de sus abuelos como solía hacerlo los
domingos por la tarde, saluda e inmediatamente comienzan a dialogar sobre el
día, sin tener siquiera interés alguno en ello. Ahora se encuentra en el
sótano sentada en el piso y recordando haber bajado las escaleras apurada para
comenzar a leer el libro que llevaba consigo, sin
recordar donde lo había encontrado. Lo cotidiano en ese momento dejo de serlo, da vuelta la primer página descubriendo anotaciones… “El pasado detenido por la fisura en el engranaje
del tiempo provoca la coalición con el aparente presente cotidiano.” Continua guiada
por la curiosidad quedando atrapada por completo, mientras los abuelos
llaman desde la sala sin recibir respuesta. En su mente se proyectan
imágenes cada vez más reales, sintiendo su cuerpo desvanecerse en la creación de
una nueva escena, en la que ella ausente sigue los instintos de
movilidad del cuerpo; camina mirando las baldosas rotas, cuando se da cuenta
que el cordón de su zapatilla izquierda esta pronto a desatarse, mientras el empleado
del local de la esquina barre la vereda, en un otoño cobrizo donde se sienten
las hojas secas crujir entre los pasos. Se detiene para desatar y volver a atar
el cordón, alzando la vista cree ver pasar una silueta que le
resulta conocida sin lograr identificarla; invadida de duda continua el trayecto restante. Abre la puerta de la casa, la
sensación de haber vivido lo que transcurría, de repetir cada accionar sin
voluntad alguna apodera su cuerpo… Olvidando sensaciones, baja las escaleras, deteniéndose el instante en su respiración, logra ver la misma silueta pero ahora se
desvanece mientras lee, recuerda las voces de sus abuelos y responde, ¡ahora
subo! quedando inmóvil, totalmente atrapada como marioneta de las letras de un
libro, que se combinan indescifrablemente. Al leer reflexiona y anota: “viviendo tan apurados, que la vida en
recuerdo se convirtió, sentada en la efemeridad del tiempo, supo ver su viaje
consumido, enjaulado de tanto pasado y consumido por la intriga de un después inconsciente, apagó el instante que pasó”, continua “se apaga el día en muros de tiza sin arriesgarse a desvanecer el tiempo”, y en susurro de tinta, “la verdad estará guardada en la intangible línea de vida para
aquel que sumerja sus pasos a la invención”. En sus ojos desbordan lágrimas, escucha voces de niños que juegan en la sala y una
voz que interroga “¿Llegaste? ¿estás en el sótano?”. Ella no responde, otra vez
ausente.
Cierra el libro y observa a su alrededor solo siluetas, lo abre nuevamente y las innumerables siluetas comienzan a moverse traspasándose entre ellas. Julia
siente miedo y al mirase es ella la que desvanece. Ya no recuerda sus
anotaciones…
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