jueves, 14 de mayo de 2015

Anotaciones

Julia entra a la casa de sus abuelos como solía hacerlo los domingos por la tarde, saluda e inmediatamente comienzan a dialogar sobre el día, sin tener siquiera interés alguno en ello. Ahora se encuentra en el sótano sentada en el piso y recordando haber bajado las escaleras apurada para comenzar a leer el libro que llevaba consigo, sin recordar donde lo había encontrado. Lo cotidiano en ese momento dejo de serlo, da vuelta la primer página descubriendo anotaciones… “El pasado detenido por la fisura en el engranaje del tiempo provoca la coalición con el aparente presente cotidiano.”  Continua guiada por la curiosidad quedando atrapada por completo, mientras los abuelos llaman desde la sala sin recibir respuesta. En su mente se proyectan imágenes cada vez más reales, sintiendo su cuerpo desvanecerse en la creación de una nueva escena, en la que ella ausente sigue los instintos de movilidad del cuerpo; camina mirando las baldosas rotas, cuando se da cuenta que el cordón de su zapatilla izquierda esta pronto a desatarse, mientras el empleado del local de la esquina barre la vereda, en un otoño cobrizo donde se sienten las hojas secas crujir entre los pasos. Se detiene para desatar y volver a atar el cordón, alzando la vista cree ver pasar una silueta que le resulta conocida sin lograr identificarla; invadida de duda continua el trayecto restante. Abre la puerta de la casa, la sensación de haber vivido lo que transcurría, de repetir cada accionar sin voluntad alguna apodera su cuerpo… Olvidando sensaciones, baja las escaleras, deteniéndose el instante en su respiración, logra ver la misma silueta pero ahora se desvanece mientras lee, recuerda las voces de sus abuelos y responde, ¡ahora subo! quedando inmóvil, totalmente atrapada como marioneta de las letras de un libro, que se combinan indescifrablemente. Al leer reflexiona y anota: “viviendo tan apurados, que la vida en recuerdo se convirtió, sentada en la efemeridad del tiempo, supo ver su viaje consumido, enjaulado de tanto pasado y consumido por la intriga de un después inconsciente, apagó el instante que pasó”, continua “se apaga el día en muros de tiza sin arriesgarse a desvanecer el tiempo”, y en susurro de tinta, “la verdad estará guardada en la intangible línea de vida para aquel que sumerja sus pasos a la invención”. En sus ojos desbordan lágrimas, escucha voces de niños que juegan en la sala y una voz que interroga “¿Llegaste? ¿estás en el sótano?”. Ella no responde, otra vez ausente. 
Cierra el libro y observa a su alrededor solo siluetas, lo abre nuevamente y las innumerables siluetas comienzan a moverse traspasándose entre ellas. Julia siente miedo y al mirase es ella la que desvanece. Ya no recuerda sus anotaciones…

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