Estallido de tiempo en la anterioridad a él. Sensación
inexistente, ilusoria, creativa de la nada desvanecida ante los ojos. ¿Los ojos?
Si nada existe, por qué existe un lenguaje que define, que contornea una
aparente realidad coincidente con infinitas finitas personas, habitantes en la
inmensidad de un universo, aparente universo sustentador de vida. ¿Existe? ¿Es mi
ilusión tan real que puedo creerme existente, alumbra el sol mi día o solo
añoro la existencia de luz? Duermo intangiblemente en la indefinición del lenguaje,
sin todo y con todo virginizado presamente en mi cerebro. Si no existe, entonces, existe este lenguaje.
sábado, 30 de diciembre de 2017
martes, 3 de enero de 2017
Se cree existente...
Camina por la caja que habita sin rumbo alguno, el piso es
gris con manchas marrones y se divide en pequeños mosaicos mal pegados. No sabe
lo que busca o si busca no encontrar sentido para aquietar la mete. Me escape
de mí en letras para evadir el instante creando simultáneos, y así saltar entre
este y aquel otro, que transcurre en el hemisferio dormido de una masa gris, como el piso, donde se guarda la memoria planetaria por contener las invisibilidades
impalpables al razonable habitante, donde se crea este otro instante que toma primacía
y se siente más real que aquel. Suspicacia de los días que inventa el hombre
para justificar su existencia.
sábado, 15 de octubre de 2016
99%
Cadena
abyecta de creencia perfecta
Elocuente
materia sin sentido
Cumulo molecular
putrefacto
Tenebre energía
clasista
Repudiable
vibración apócrifa
Vanamente
respira,
mezquinamente
existe.
Compost un
día con suerte,
cadáver repugnante
el resto…
Eternamente vacía.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Abrir abril...
Perturba lo que cree ser su mente, una extraña sensación,
camina por la casa con habitualidad, conocimiento y reconocimiento de cada
objeto, asocia con exactitud movimientos de su cuerpo con el propósito de
asearse, vestirse y alimentarse; por lógico razonamiento cree que vive hace
tiempo, sabe que transcurrieron años desde que salió del seno materno, tiene un
cuerpo y siente; sabe que hay otros con los que a menudo dialoga de un contexto común y recordado. Cuando observa con
agudeza nota que se han aquietados los instantes, recuerda un olor invasor a
plástico quemado, una ciudad destruida, cuerpos desplomados, desechos humanos
taponando canaletas, ausencias terciarizadas, un mito con cerrojo de
poder, un cadáver, quizá su cuerpo.
lunes, 14 de septiembre de 2015
Algunos todos.
Definió el entorno,
nombró con certeza,
juzgó sin piedad,
consumió la apariencia.
Murió sin saber quién era.
¿Nació?
nombró con certeza,
juzgó sin piedad,
consumió la apariencia.
Murió sin saber quién era.
¿Nació?
lunes, 25 de mayo de 2015
…E t e li as me cuent as…
Busca en las palabras conjugadas, indescifrables al abyecto,
probables en el paralelo de cada paso, sumergidas en las alturas y
profundidades desvanecidas del tiempo y espacio, huella en la construcción
incógnita, creadora de la contracción invasora, involuntario movimiento
decodificador en letras; rompe el cascaron y se plasma, desde la anterioridad
que preside a la tinta y papel, se proyecta la imagen.
Hábil en la ductilidad de los mundos, quedó atrapado entre los
posibles momentos del tiempo entrelazado, en uno de los laberintos del instante
con elástico conteo; es la voz de un cuerpo callado, viajante del mundo donde
el suspiro es una vida terrestre y se susurran orígenes infinitos para este
cuerpo finito…
Iba y volvía, en agiles y sutiles movimientos, cuando
sucedió la magia para que el instante dure una eternidad, entre la tinta y el
papel es el nacimiento, nació…acaba de nacer…invisibles son las letras que se
leen, mientras en tu pantalla cerebral la imagen se ha creado, de este papel
que no existe pero guarda el misterio encerrado.
lunes, 18 de mayo de 2015
¡Bienvenido!
Suena el despertador, se mueve en la cama queriendo escapar
del paso del tiempo; su cuerpo aun torpe, se desliza por el pasillo hacia el
baño, con sus ojos pegados, entre manos y agua fría, logra despabilarse.
Camina e incorpora al camino, gente que pasa, ruidos, autos,
motos, micros que frenan y siguen, y más autos; de tanto en tanto, se detiene y
mira a ambos lados para cruzar las calles del estruendo; llega al destino
provisorio, sube las imponentes escaleras de aquel palacio, donde se encontraría
con la molécula del mundo que transita.
Sin que nadie note su llegada, se incorpora en último lugar
a la fila; algunos pocos, piden permiso al pasar, otros tantos la chocan con
toda la revolución desencausada que cargan en sí. Se desplazan a su alrededor
maniquíes abrillantados, exageradamente decorados en las irregularidades de sus
rostros; perfumes desmedidos e invasores se combinan en la atmósfera que debe
respirar, mientras espera. Asientos con múltiples siluetas, presentes tan solo
en sus preocupaciones creadas, acompañan la fila de la que ya es parte. Con
mayor atención, comienza a observarlas, se detiene entre dos asientos unidos
por la mirada despreciadora de una hacia la que come con miedo y apurada,
absorbida por la gran pantalla; de pronto la queja de otra silueta, guía su
observación al momento de la explicación carente de sentido y concluida con el
descontento masificado; a su lado el diálogo incomprensivo entre dos, divididos
por un gran mármol frío, hablan el mismo idioma, en una jerga distinta, es evidente que no se comprendan, y uno de ellos lo sabe, ¡y le gusta!, lo siente
y deja escapar por su mirada, la repugnante elevación sobre el otro.
Respira, repudia el entorno, se le oprime el alma y
desgarran las venas. Retorna la observación y el desprecio hacia el otro se
hace visible, en la mirada de todas las siluetas consumidas en sus puestos; la
agresión toma forma y se manifiesta contra la que no puede llegar sola
hasta el tan anhelado muro divisorio, la pisan y matan, se miran y asienten
entre todas, ¡era un estorbo en la carrera de hielos!.
No aguanta, quiere gritar y no puede, quiere correr
escapando pero esta inmóvil; se crea ante tanta crueldad extrema complacida, la
lágrima. Brota entre sus ojos, se desliza por su rostro y cae en un ¡PLAF! sobre el piso; el que minuciosamente comienza a desgranarse, agrietándose por
tanto peso, el color ya no brilla, todo es pálido y ocre; logra ver los hilos,
hasta entonces invisibles, de las marionetas de aquel mundo mecánico, la gran
maquina frente a sus ojos, se mueve sin dejar detalle al libre accionar, mueve
cada hilo con total liviandad; ruido de cadenas oxidadas, lubricadas por el
sudor del títere indiferente, son ahora la realidad visible.
Descubre sin poder olvidar, la esclavitud encubierta del
ciego egoísta; invade su cuerpo el dolor del que ve y el grito desgarrador en
repudio, silenciado por oídos manipulados por la maquina automática, la que
no deja de mover sus palancas topadoras. Aun no vislumbra quien la maneja, se
pregunta y cuestiona sobre la insensatez arraigada, el misterio de la ceguera
que apodero al hombre y le hizo creer que veía; instante en el que logra
ver su propio hilo y la palanca que va hacia él, en movimiento automático.
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